Cerebro y emociones
Cerebro y emociones

Cerebro y emociones

TODOS SENTIMOS EMOCIONES, LO DIFÍCIL ES EXPRESARLAS

 

Seguro que en algún momento tu peque ha tenido una rabieta y su manera de expresarla ha sido pegándote o gritándote.

Esto se debe a que la autorregulación en niños no existe. Por este motivo, nosotros somos quiénes les debemos enseñar a regular sus emociones. Dicho proceso recibe el nombre de heteroregulación.

Para ello, lo primer es entender cómo funciona su cerebro. Como ya sabéis, nuestro cerebro está dividido en tres áreas.

La primera recibe el nombre de cerebro reptiliano. Es la parte más primitiva, y es la encargada de la supervivencia.  En ella, no existe la emoción, el pensamiento y la ejecución como algo consiente.

La segunda área es el cerebro emocional. En ella es donde surge la emoción, pero no donde se regula.

Finalmente, la tercera es la corteza prefrontal o neocórtex. Es la encarga de gestionar nuestras capacidades superiores, como son el pensamiento lógico, la consciencia…

Todas ellas son las que nos permitirán regular nuestras emociones. Por este motivo, decimos que en el cerebro emocional es donde surge la emoción, pero no donde se gestiona.

¿Cuándo se desarrolla cada área?

Nosotros somos quiénes podemos y debemos ayudarles a desarrollar su corteza prefrontal. De esta manera, conseguiremos que en un futuro sean capaces de regular sus emociones, entre muchas otras habilidades.

PERO… ¿CÓMO LO PODEMOS HACER?

Para ello, debemos de seguir el orden de las tres áreas cerebrales.

En primer lugar, debes darle al niño seguridad y protección.

En segundo lugar, debes hacerle entender que comprendes su emoción y, sobre todo, que la válidas. De esta manera, logramos reducir la sensación de peligro que el niño pueda sentir, porque percibe que no somos una amenaza.

Cuando no conseguimos reducir la sensación de peligro, sucede lo que se llama “secuestro emocional”. Un “secuestro emocional” es cuando nos dejamos llevar por las emociones y no por la razón.

Esto se debe a que cuando  nuestro cerebro percibe que está en peligro, el riego sanguíneo va a nuestras partes más primitivas. En este momento, es cuando actuamos según las emociones y no según la razón, ya que el cerebro límbico es quien dirige nuestras acciones.

Debido a esto, las habilidades que forman parten del neocórtex, las cuales permitirán al niño razonar sobre su conducta, se anulan completamente.

En definitva, para que el niño pueda razonar sobre su conducta, es necesario que le des seguridad, le comprendas y aceptes su emoción. Sin esos tres componentes, es imposible que pueda reflexionar sobre su comportamiento. 

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